Argentina llegó a la final. ¿Pero fue el mejor equipo del campeonato?

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Mundial 2026 · Gran final · 19 de julio

España
vs
Argentina
Siete victorias cada una, dos caminos muy distintos

Argentina está otra vez en la final del Mundial. Siete partidos, siete victorias, 19 goles marcados, Messi con ocho tantos y cuatro asistencias. Números de campeón.

El torneo en sí está lejos de ser tan impecable.

Hasta el partido decisivo, el equipo de Lionel Scaloni llegó pasando por un debutante de Cabo Verde, un derrumbe egipcio en los últimos 11 minutos, la escandalosa expulsión de un suizo y una semifinal en la que Argentina primero armó una pelea y después marcó el gol de la victoria pocos segundos después de un contacto polémico con un defensor de Inglaterra.

España fue por otro camino. También sufrió. Empezó con un empate sin goles, pasó a duras penas a Portugal, se aprovechó del error del arquero suplente de Bélgica. Pero luego salió contra Francia y sacó con calma al equipo que muchos consideraban el más fuerte del torneo.

A la final los rivales llegaron con la misma cantidad de victorias, pero con una sensación de juego completamente distinta. España se ve como un equipo que entiende lo que hace. Argentina, como un equipo que una y otra vez queda al borde y después, de algún modo, se salva.

Hasta ahora se salvó.

España arrancó lenta, pero a la final llegó lanzada

El primer partido de los españoles fue tan gris que después de él las charlas sobre el título parecían prematuras. Cabo Verde se encerró, aguantó toda la posesión española y mantuvo el 0:0.

España movía el balón, llevaba al rival de una banda a la otra, pero casi no lo hacía entrar en pánico. Pases había muchos, peligro poco. El viejo pecado español: controlar el partido durante tanto tiempo que le da tiempo a terminarse.

Después, el equipo de Luis de la Fuente fue de menos a más. A Arabia Saudita la goleó 4:0, a Uruguay lo ganó 1:0. España terminó el grupo sin goles en contra, aunque el verdadero brillo todavía nadie se lo había visto.

España: de menos a más

Cabo Verde
0:0
Arabia S.
4:0
Uruguay
1:0
Austria
3:0
Portugal
1:0
Bélgica
2:1
Francia
2:0

Solo un gol encajado en siete partidos (ante Bélgica)

El primer gran partido llegó ante Austria. España ganó 3:0 y no le permitió al rival ni un solo remate a puerta. Los austriacos salían mal de la defensa, perdían los rebotes y le devolvían el balón a España una y otra vez. Eso ya no era posesión sin sentido para una estadística bonita. España se quedó con el terreno y no lo soltó hasta el pitido final.

Con Portugal fue mucho más difícil. El partido se arrastraba hacia el tiempo extra, Cristiano Ronaldo esperaba su oportunidad, y los españoles chocaban cada vez más contra una defensa cerrada. En el minuto 91, Mikel Merino por fin encontró un espacio libre y marcó el único gol.

España tuvo suerte de que la ocasión apareciera justo entonces. Pero al menos la seguía buscando, en lugar de quedarse en el habitual 70 por ciento de posesión y cero remates desde posiciones de peligro.

En cuartos de final, Bélgica fue la primera del torneo en perforar la defensa española. El marcador se mantuvo mucho tiempo 1:1, y el gol de la victoria llegó solo en el cierre. Aquí a España la ayudaron las circunstancias: Thibaut Courtois se lesionó, y Senne Lammens, que entró en su lugar, no aguantó un remate de Pau Cubarsí. Merino llegó al rebote.

Así España consiguió la semifinal con Francia, y por primera vez no dejó motivos para hablar de suerte, lesiones y últimos minutos.

Los franceses llegaron al partido con Mbappé, Dembélé y Olise, pero casi no se acercaron a la portería. España cerró el centro, no dejó correr a Mbappé y obligó al rival a empezar los ataques de cero toda la noche. La victoria 2:0 salió seca y desagradable para Francia: no estuvo cerca ni de una remontada ni del tiempo extra.

España

España no se salvó. No esperó. No aguardó una expulsión. Simplemente jugó mejor.

En siete partidos, el equipo de De la Fuente encajó un solo gol.

Argentina, desde que salió del grupo, no dejó la portería a cero ni una vez.

El grupo de Argentina fue un calentamiento, no una prueba

Argentina le ganó a Argelia 3:0, a Austria 2:0 y a Jordania 3:1. Nueve puntos, primer lugar, ningún nervio.

Solo que ese grupo casi no contó nada sobre la fuerza real del campeón. Ni Argelia, ni Austria, ni Jordania podían obligar a Argentina a defender bajo presión seria. Scaloni repartía cargas con calma, Messi sumaba goles, y el equipo entraba a los playoffs por un camino llano.

El primer escándalo igual apareció ya entonces.

En el partido con Argelia, Messi pisó con los tapones la pantorrilla de Aïssa Mandi. Los argelinos pedían la expulsión y más tarde presentaron una queja ante la FIFA. Tarjeta roja no hubo. Messi se quedó en el campo e hizo un hat-trick.

Se puede considerar la decisión admisible. Se puede discutir la fuerza del contacto. Lo importante es otra cosa: charlas parecidas acompañaron a Argentina después en casi cada ronda.

Cabo Verde no le tuvo miedo al campeón

El primer rival de Argentina en los playoffs fue un equipo que antes nunca había jugado en un Mundial.

Cabo Verde empató dos veces. Argentina se ponía por delante, empezaba a controlar el balón y parecía esperar que el rival mismo reconociera la diferencia de nivel. El rival no la reconoció. Siguió corriendo, peleando y atacando los espacios libres detrás de los defensores argentinos.

Tras los 90 minutos era 2:2. Solo en el minuto 111 un remate de Cristian Romero tocó a Diney Borges y se metió en el arco. Autogol. Argentina avanzó con el 3:2.

Se le puede llamar carácter de campeón. Se puede decir más simple: Argentina no pudo ganarle a Cabo Verde en dos tiempos y recibió un rebote salvador en el tiempo extra.

Un equipo de un país con poco más de medio millón de habitantes no pareció un figurante al lado del campeón vigente. Lo hizo ponerse nervioso, apurarse y volver a recurrir a Messi cuando el plan habitual dejó de funcionar.

Egipto casi lo lleva hasta el final

En los octavos de final, Argentina recibió un 0:2 y durante más de una hora no supo qué hacer con eso. Egipto salía rápido de la presión, remataba al espacio detrás de los defensores y no dejaba que Messi recibiera tranquilo el balón frente al área. A 11 minutos del final, el equipo de Hossam Hassan todavía ganaba por dos goles.

Después todo se derrumbó. Argentina marcó tres veces. El último gol, en el minuto 92.

Argentina ante Egipto

Una remontada así, por sí sola, impresiona. Pero el partido se recordó no solo por ella.

A Egipto le anularon otro gol. El VAR volvió a una falta ocurrida al inicio de la jugada y encontró motivos para frenar el ataque. Ya en el cierre, los egipcios pedían penal tras la caída de Hamdi Fathi. No hubo silbato. Argentina salió enseguida al ataque y marcó el gol de la victoria.

La federación egipcia presentó una queja. El técnico estaba furioso. Las charlas sobre la benevolencia de los árbitros se hicieron más fuertes.

La respuesta más cómoda es decir que los egipcios tuvieron la culpa. Ganaban 2:0, dejaron de tener el balón, empezaron a defenderse y encajaron tres. Todo cierto.

Eso no anula lo otro: en dos jugadas clave, las decisiones volvieron a caer del lado de Argentina.

Con Suiza el VAR ya no solo ayudó: dio vuelta el partido

Suiza empató en el minuto 67 y empezó a presionar. Argentina perdió su control habitual, se equivocaba más en los pases y no llegaba a cerrar las bandas.

Cinco minutos después, Breel Embolo chocó con Leandro Paredes. El árbitro marcó falta del argentino y le mostró tarjeta. Después intervino el VAR. La tarjeta a Paredes fue anulada, y a Embolo lo castigaron por simulación. Para el suizo la amonestación era la segunda. Se fue del campo.

Breel Embolo

Una sola revisión convirtió un tiro libre a favor de Suiza en la expulsión de su delantero.

Formalmente, los árbitros se ampararon en una nueva regla que permite corregir la identificación errónea de un jugador. Solo que aquí nadie confundió los apellidos. El VAR volvió a juzgar por completo la jugada: decidió que no había falta, vio una simulación y cambió a los protagonistas del partido.

Suiza aguantó hasta el minuto 112. Después encajó dos veces. Argentina ganó 3:1, y Murat Yakin calificó la decisión de inaceptable. Para ese momento ya habían llegado quejas de Argelia, Egipto y Suiza.

Las charlas sobre la «VARgentina» no eran la histeria de un solo perdedor. Así reaccionaron tres rivales distintos después de tres partidos distintos.

¿Prueba esto un complot? No. ¿Significa que cada vez los árbitros se equivocaron? Tampoco. Pero cuando todas las encrucijadas polémicas llevan al mismo equipo hacia adelante, exigirle al espectador que no note el patrón ya resulta extraño.

Con Inglaterra, Argentina se metió enseguida en la pelea

La semifinal se suele explicar con una sola decisión de Thomas Tuchel. Inglaterra marcó, se sentó atrás y perdió. Es verdad, pero no toda. Al fútbol, allí, tardó mucho en llegarse.

Ya en el segundo minuto, Paredes recibió a Jude Bellingham con la mano en la cara. Después Elliot Anderson jugó duro contra Messi, y Enzo Fernández casi enseguida se llevó puesto al inglés con una falta de respuesta. En el minuto 13, Anderson y Enzo volvieron a engancharse. Alrededor se juntaron los demás.

Argentina, desde los primeros minutos, no propuso juego de combinación, sino pelea. Empujones tras el silbato, golpes en las piernas, agarrones, faltas menores en el medio campo. Cada intento inglés de acelerar lo trataban de frenar antes de que se convirtiera en ataque.

Para el descanso, Argentina había cometido 12 faltas, Inglaterra siete. Diecinueve faltas y apenas dos amonestaciones. El árbitro Ismail Elfath intentó largo rato manejar el partido con charlas, y los argentinos entendieron rápido que las tarjetas ese día había que pedirlas casi de rodillas.

No fue un nerviosismo que surgió solo. El equipo de Scaloni rompía el ritmo a conciencia. A los ingleses los golpeaban tras los pases, los enganchaban en los giros, los provocaban para que respondieran.

Así juega Argentina desde hace tiempo. No le da vergüenza un partido sucio si el limpio se le complica.

Tras el descanso, Inglaterra por fin armó un ataque normal y marcó. Morgan Rogers metió el centro, Anthony Gordon apareció en el segundo palo: 1:0. Y ahí Tuchel se asustó de su propio éxito.

Inglaterra entregó el balón, se metió cerca del área y prácticamente dejó de salir hacia adelante. Gordon salió del campo, entró otro defensor. El equipo que acababa de encontrar el punto débil de Argentina, por decisión propia dejó de atacar ahí.

Entre el gol inglés y el tanto de la victoria de Lautaro Martínez, la posesión de Inglaterra cayó a cerca del 12 por ciento.

En el minuto 85, Enzo Fernández empató. Los ingleses ya no controlaban el espacio, solo llenaban el área con cuerpos. Pocos minutos después, Argentina marcó el segundo.

Y ese gol tampoco se libró de la polémica.

Tras un remate de Alexis Mac Allister, el balón pegó en el poste y rebotó al campo. Messi fue al rebote y en la disputa le pisó el pie a Jed Spence. El defensor inglés reclamó falta de inmediato, pero el árbitro dejó seguir el ataque. Messi se fue a la derecha y centró para Lautaro, que de cabeza mandó el balón al arco.

Entre el contacto y el gol pasaron unos pocos segundos. Se puede discutir si había fuerza suficiente para el silbato. Spence tampoco se desplomó por el golpe y pudo seguir la jugada. Pero sobre el fondo de todo el torneo, la pregunta se planteaba sola: ¿por qué en el partido contra Egipto el VAR volvió muy atrás y encontró una falta al inicio del ataque, y aquí un contacto antes del gol de la victoria no cambió nada?

De nuevo una decisión a favor de Argentina. De nuevo al rival solo le quedó reclamar tras el gol encajado. Inglaterra perdió por la cobardía de Tuchel. Dejó de jugar y recibió un castigo merecido.

Pero convertir a Argentina en la heroína noble de esta historia tampoco corresponde. Se pasó toda la noche pegando en las piernas, metiéndose en encontronazos, poniendo a prueba la paciencia del árbitro y aprovechando que, en el momento decisivo, este otra vez prefirió no pitar.

Después del final de este bochorno, Lisandro Martínez y Giovani Lo Celso encima desplegaron una pancarta política sobre las Islas Malvinas. Ni siquiera vencer a Inglaterra sin una provocación barata les salió.

España tuvo un cuadro, Argentina un pasillo

El camino de los españoles en los playoffs: Austria, Portugal, Bélgica, Francia. El camino de los argentinos: Cabo Verde, Egipto, Suiza, Inglaterra.

El camino a la final

España
Argentina
Austria (24.º)
Cabo Verde (67.º)
Portugal (favorito)
Egipto (34.º)
Bélgica (favorito)
Suiza (19.º)
Francia (favorita)
Inglaterra (4.º)

Un gol encajado en todo el torneo (España) frente a seis solo en los playoffs (Argentina)

Comparar en serio estos recorridos es difícil. España pasó al hilo tres equipos que antes del torneo eran candidatos a las fases avanzadas. Argentina se cruzó con el primer rival de ese tipo recién en la semifinal, y ese, tras el gol marcado, se negó él mismo a jugar.

Cabo Verde llevó a los argentinos al tiempo extra. Egipto ganaba 2:0. Suiza empató y perdió un jugador tras la intervención del VAR. Inglaterra estuvo por delante hasta el minuto 85.

Argentina marcó 19 goles, más que nadie en el torneo. Pero en los playoffs su defensa fue batida seis veces. De Cabo Verde, dos. De Egipto, dos. De Suiza y de Inglaterra, uno cada uno. España, en todo el campeonato, encajó una vez.

Goles encajados en el torneo

España (7 partidos)1 gol
Argentina en playoffs (4 partidos)6 goles

Cabo Verde 2, Egipto 2, Suiza 1, Inglaterra 1. Tras salir del grupo, Argentina no dejó la portería a cero ni una vez.

Aquí pasa la diferencia principal. A los españoles a veces les falta profundidad. A los argentinos les falta control con regularidad.

Dato del torneoEspañaArgentina
Partidos ganados77
Goles a favor1619
Goles en contra16
Prórrogas jugadas02
Rivales del top 10Portugal, FranciaInglaterra
Cuota en Duel (final)2.363.65
Los dos finalistas del Mundial 2026 en cifras

España es más fuerte como equipo. Argentina tiene a Messi

El sistema de España no se sostiene sobre una sola persona. Rodri marca el ritmo y cubre el centro. Pedri y Fabián Ruiz se mueven entre líneas. Yamal estira la banda derecha y obliga al rival a mandarle un segundo defensor. Oyarzabal se desmarca en el área. Merino entra desde el banco y marca goles tardíos.

España puede ganar de distintas maneras. Aplastar al rival, como a Austria. Aguantar, como con Portugal. Sumar con los cambios, como con Bélgica. Dejar sin aire a un ataque fuerte, como a Francia.

Argentina tiene menos variantes.

El equipo sigue esperando a que Messi reciba el balón entre líneas, aguante la pausa y vea el pase que nadie más notó. En la semifinal no marcó, pero dio dos asistencias. En el torneo lleva ocho goles y cuatro asistencias.

A los 39 años, otra vez carga con la selección hacia la Copa del Mundo. Eso admira. Y al mismo tiempo habla mal del resto.

Cuando a Messi lo tapan, Argentina se vuelve pesada y previsible. Empieza a centrar más, a meterse más en la lucha, a provocar más choques. Con Cabo Verde eso apenas alcanzó. Con Egipto funcionó solo en los últimos 11 minutos. Con Inglaterra, después de que el rival se encerrara solo cerca de su arco.

España difícilmente hará semejante regalo.

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Por qué España sigue siendo la favorita

En la línea de Duel, España va como leve favorita con una cuota de 2.36 frente al 3.65 de Argentina, y no es un intento de adivinar al ganador. Simplemente hizo un torneo más parejo.

Duel
Bono destacado
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★★★★
4.8
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Los españoles defienden mejor, controlan el centro con más seguridad y dependen menos de un solo guion. A Argentina le resulta más cómodo el caos: juego roto, choques constantes, pausas, quejas, un final de nervios. A España le conviene el orden.

Por eso Scaloni casi seguro intentará romper el partido antes de que España lo ordene. Los argentinos van a marcar duro a Pedri y a Fabián, enganchar a Yamal, cortar las transiciones por el centro y hablar con el árbitro después de cada decisión.

No van a competir con España en la belleza de la posesión. Necesitan una pelea en la que un pase de Messi valga más que 20 pases españoles.

España intentará que esa pelea no empiece.

A Argentina no se la puede subestimar. Pero tampoco hay por qué adularla

Siete victorias no son una casualidad. Argentina sabe aguantar, no se derrumba tras los goles encajados y no deja de jugar cuando quedan cinco minutos.

A Cabo Verde lo pasó. A Egipto lo dobló. Tras la expulsión de Embolo aprovechó la superioridad. A Inglaterra la castigó por su cobardía. Todo eso es parte del fútbol. Solo que no hace falta convertir ese camino en otra leyenda sobre la grandeza.

Argentina recibió un grupo fácil y un cuadro cómodo. No pudo ganarle a un debutante en 90 minutos. A 11 minutos del final perdía 0:2 con Egipto. Consiguió la superioridad numérica en un partido parejo con Suiza tras una intervención del VAR muy discutida. Con Inglaterra armó una pelea sucia y marcó el gol de la victoria tras un contacto que los árbitros prefirieron no ver.

España tampoco fue perfecta. Falló el primer partido, pasó con dificultad a Portugal y se aprovechó del error del arquero suplente de Bélgica.

Pero después salió contra Francia y mostró el mejor fútbol de los dos finalistas. Por el juego, la calidad de los rivales y la solidez, España merece el estatus de favorita.

Argentina se ganó su lugar en la final. No es lo mismo.

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Автор

  • Mateo Silva

    Matemático de formación. Desarma algoritmos de RTP, descompone ofertas de bonos y convierte las promesas de marketing en números crudos. Responsable de que cada ranking del sitio se sostenga con datos reales.

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